Poesía

IV

El tiempo que paso esperando

mejores días, mejores noches

se viste de silencio

y aunque grite fuerte más fuerte

el cielo no oye no responde

mis plegarias

tan muerta la vida

muerto el grito

muerta yo

que sigo esperando

mejores días, mejores noches.

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Una mujer empuja

una mujer empuja

el silencio en su

garganta

las noches sin dormir

cuidando a otros

empuja para adentro

sus vergüenzas

las esconde para que nadie

las vea

la vea

empuja el dolor

en sus ojos

el cansancio en sus

costillas

el hambre de sus ganas

el reloj le dijo cásate

ella quería mar

una mujer empuja el mar

que lleva dentro

empuja tanto

y no da la vida sino

su propia muerte

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La niña, La Pinta y La Santa María

lo aprendí de

sus cruces

vientre   

           manos

                        MUJER

trabajo              

            hambre

                          INDIO

saber                 

          dios

                  HOMBRE

lo aprendí de

los siglos         

                 p e r p e t u a c i ó n

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Día de sol

Un rayo de sol

me pega en el pecho

dibuja alas en mi sombra,

yo muevo mis pies al ritmo del viento

bailo su música

y el verde del pasto perfuma el instante,

el momento exacto en que la vida

parece un templo:

el atardecer implacable

y hasta la tristeza se arrodilla.

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Rayo

caen rayos y en medio de la noche

me vuelvo hacia mí,

mis miedos me ven a los ojos

me abren la mirada y tiemblo

por si el mundo se termina,

pienso en todas las veces que no dije

te quiero

el ridículo me frena,

un rayo en cambio te vuelve a vos

a tus incongruencias,

me siento vulnerable y segura

ante mis silencios,

están diciendo a gritos

que te necesito

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Matria que llora un nombre

Cuánto cuerpo necesito para sanar,

el que tengo no me alcanza.

Me sobran los nombres que me duelen

y en cambio, me faltan las palabras.

Tengo cenizas en las manos,

piedras de un pasado que no olvido.

Alguna vez regué su tierra y fue memoria,

alguna vez lloré en silencio y fue martirio.

¿Soy acaso un jardín de flores muertas?,

¿de sangre desmatriada en el exilio?

Llevan vendas en los ojos quienes callan.

Llevo tumbas en el pecho, son mis hijos.

Tengo rabia en mi garganta

y muerde a gritos:

la verdad saldrá a la luz

y ninguna bala sabrá herirnos.

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Malos hijos

Somos tu grito desolado

siempre guerra nunca gratitud,

como hijos malos

no te cuidamos

tierra

madre,

nos compramos una vida

que antes fue regalo

la vendemos por centavos

y el viento nunca nos ha pertenecido

el mar es prestado

el cielo nos mira nos dio la vida

nosotros a cambio

la arrebatamos

a cada especie cada árbol

cada niño que antes de aprender a hablar

ya vio el espanto,

el hambre la esclavitud,

el desierto es hoy

el lugar más sano, a salvo

alejado del monstruo

que has creado con tus manos

buena madre, malos hijos,

nos diste todo tiempo alma

río y monte,

aire y savia,

nosotros

te devolvimos llanto.

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Lugar de nacimiento

Yo soy de pueblo,

pueblo chico,

las calles que unen las casas

te llevan también hasta el monte,

pero para entrar primero

se le pide permiso.

La cancha, la escuela,

el hospital y la plaza

quedan a cinco minutos de distancia

si vas de un lugar a otro.

El de la panadería te conoce

y te saluda por tu nombre,

tiene un cartel que dice “acá no se
fía”

pero es mentira,

es para asustar nomás.

Los chicos que salen

a la siesta

se quedan bajo una sombra

contando historias de pesca,

de yararás, de carpinchos

o de algún tucán que vieron.

Yo una vez vi un mono dice uno.

Mi tío cazó un yacaré dice otro.

A veces hay gente

que se adueña del monte

porque el monte, dicen

que no sabe defenderse

y huyen los tatúes a la chacra

de alguna familia agricultora

que mientras cosecha

mandioca o zapallo

encuentra su cueva.

La gente que vive de la tierra

no gana mucho aunque

tiene el sol en los ojos,

la risa del zorzal,

las manos con surcos,

la palabra llena de semillas.

La gente que vive de la tierra

no gana mucho,

valora un plato de comida,

una cama tibia,

una lluvia.

Mi abuela no fue a la universidad

pero entendía de agronomía

mejor que nadie.

No le vayas a contradecir,

si ella decía sembrá maíz

vos hacele caso.

Mientras pelaba guayabas

mi mamá le cebaba tereré,

ella dejaba de trabajar un ratito,

se sentaba en el banco

de madera,

le miraba a la cara

y le decía: estudiá hija

esta vida es difícil.

Mi mamá se jubiló de maestra.

Ya te digo yo:

la gente que vive de la tierra

tiene la palabra llena de semillas.

Yo crecí en el pueblo,

pueblo chico.

Las calles ahora están asfaltadas.

Ya es ciudad dicen unos.

Yo no voy a discutir

con los índices demográficos,

para mí sigue siendo pueblo,

pueblo chico

prejuicio grande, tan grande

como la mismísima capital.

A muchos les causa gracia,

a mí la ignorancia nunca me hizo reír.

Hay cosas

que se fueron ganando.

Hay otras

que se fueron perdiendo.

Se limpió el monte a la vez

que se limpió la conciencia.

Digo limpiar para no decir arrasar.

Dejaron vacío el monte,

también la conciencia.

Me pregunto ahora

dónde están esas palabras

llenas de semillas

cuando más las necesito.

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